Our Work

Edible Forest Initiative

The Edible Forest Initiative fosters regional biodiversity by establishing eco-cultural corridors dedicated to preserving wildlife migration.

Biocorredores Amazonicos (BioAM) and Andes Amazon Conservancy’s Edible Forest Initiative is nested within the larger framework of our ambitious collaboration to create a 175-mile eco-cultural corridor connecting the Andes Mountains and the Amazon Basin. This strategic tree-planting initiative is essential to the functionality of the eco-cultural corridor as it reconnects fragmented forests, provides food for migrating wildlife while also supporting food sovereignty for local communities.

A significant portion of the project area under Indigenous community conservation through land-use planning lies deep within the Amazon Basin, extending more than 100 miles beyond the developed road networks. However, the region in dire need of immediate attention and protection is at the foothills of the Andes Mountains, where deforestation is rapidly advancing. This area has seen rainforest  fragmentation due to activities like timber harvesting and cattle ranching, significantly impacting essential wildlife migration crucial for maintaining the region’s rich biodiversity.

Just four decades ago, the base of the Andes was adorned with lush rainforests tended by Indigenous Communities, providing an abundance of native wildlife and plants to fulfill both their physical and cultural needs. The intrusion of roads and the infiltration of a capitalist economy have compelled people to harvest and sell timber for survival, hastening the pace of deforestation, and ensuring they can no longer subsist off the land. The Edible Forest Initiative is committed to breaking this destructive cycle.

Nurseries are strategically situated at critical landscape connectivity hubs, precisely focusing on the vital 1% of the overall landscape that requires immediate conservation to maintain the connectivity that safeguards evolutionary processes that shape future biodiversity.


Edible fruit and nut trees are strategically planted along deforested streams and riverbanks, which serve as natural migration pathways for wildlife. Through the restoration of these wildlife migration routes, the Edible Forest Initiative actively promotes the increased biodiversity. With the guidance of conservation land-use planning, Indigenous communities make the deliberate choice to prohibit human development, including houses, in these riparian areas, thus contributing to the preservation of water quality for both present and future generations.

Through a carefully targeted approach to edible forest planting, complemented by conservation land-use planning, local wildlife migration corridors are rehabilitated. Simultaneously, this initiative connects millions of acres of ancient rainforest, ultimately extending hundreds of miles to the Peruvian border, establishing Ecuador’s sole eco-cultural corridor.

Edible Forests

La Iniciativa de Bosques Comestibles de Biocorredores Amazónicos (BioAM) y Andes Amazon Conservancy se inserta en el marco más amplio de nuestra ambiciosa colaboración para crear un corredor ecocultural de 175 millas que conecte la Cordillera de los Andes y la Cuenca del Amazonas. Esta iniciativa estratégica de plantación de árboles es esencial para la funcionalidad del corredor ecocultural, ya que reconecta bosques fragmentados, proporciona alimento para la vida silvestre migratoria y al mismo tiempo apoya la soberanía alimentaria de las comunidades locales.

Una porción importante de la tierra bajo conservación de las comunidades indígenas a través de la planificación del uso de la tierra se encuentra en lo profundo de la cuenca del Amazonas, extendiéndose por más de 100 millas más allá de las redes de carreteras desarrolladas. Sin embargo esta región, que necesita urgentemente atención y protección inmediata, se encuentra en las estribaciones de la Cordillera de los Andes, donde la deforestación avanza rápidamente. Esta área ha experimentado una fragmentación de la selva tropical debido a actividades como la extracción de madera y la cría de ganado, lo que ha impactado significativamente la migración de vida silvestre, esencial para mantener la rica biodiversidad de la región.

Hace apenas cuatro décadas, la base de los Andes estaba adornada con exuberantes bosques tropicales atendidos por comunidades indígenas, los cuales proporcionaban una abundancia de vida silvestre y plantas nativas para satisfacer sus necesidades físicas y culturales. La intrusión de carreteras y la infiltración de una economía capitalista han obligado a la gente a cosechar y vender madera para sobrevivir, acelerando el ritmo de la deforestación y garantizando que ya no puedan subsistir de la tierra. La Iniciativa sobre Bosques Comestibles se compromete a romper este ciclo destructivo.

Los viveros están ubicados estratégicamente en centros críticos de conectividad de estas tierras, centrándose en el 1% vital del paisaje general que requiere de una conservación inmediata para mantener la conectividad que salvaguarda los procesos evolutivos que dan forma a la biodiversidad futura.

Árboles frutales y nueces comestibles son plantadas estratégicamente a lo largo de arroyos y riberas deforestadas, que sirven como rutas de migración natural para la vida silvestre. A través de la restauración de estas rutas migratorias, la Iniciativa de Bosques Comestibles promueve activamente una mayor biodiversidad de las poblaciones de vida silvestre. Con la orientación de planificación del uso de la tierra para la conservación, las comunidades indígenas toman la decisión deliberada de prohibir el desarrollo humano, incluidas las viviendas, en estas áreas ribereñas, contribuyendo así a la preservación de la calidad del agua para las generaciones presentes y futuras

A través de un enfoque cuidadosamente dirigido a la plantación de bosques comestibles, complementado con una planificación del uso de la tierra para la conservación, se rehabilitan los corredores locales de migración de vida silvestre. Al mismo tiempo, esta iniciativa conecta miles de acres de selva tropical antigua y, en última instancia, se extiende cientos de millas hasta la frontera con Perú, estableciendo el único corredor ecocultural del Ecuador.